Primer día de clases: “Un día los dejé y también lloré”

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Ahora me parece gracioso, pero recuerdo que lloré el primer día que dejé a mis hijos en el colegio. Pasaron años entre dejar a la primogénita y llevar a su hermano, pero inevitablemente la sensación de que los abandonaba, la culpa y todas mis dudas, se transformaron en una catarata incontenible. Solo atiné a copiarle a mi madre, cuando ella misma me dejó a los tres años y poco en el Jardín de Infantes 108 Margarita Isnardi, en Rivera. “Te quedas. Vas a estar bien”, me lanzó sin anestesia y con tanta autoridad que si cierro los ojos puedo recordarla saliendo del salón a paso firme. Apenas la perdí de vista, me escondí debajo de una mesa hasta que la clase empezó, escuché el barullo y decidí salir. Supongo que a mí me costó menos adaptarme que a ella dejarme.

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Obviamente, usé el “Te quedas. vas a estar bien” de mi progenitora miles de veces. Al comienzo de clases, cuando los dejé en alguna colonia de vacaciones o cuando anoté a mis hijos en un nuevo club. Con caparazón puesta, los acompañé a su primer día en nuevos colegios, los despedí para que se fueran a algún campamento Scout o viaje deportivo. Ante más dudas o inquietudes, más firmeza demostré (en esto le copié a mi marido). “Vas a pasar bien, es cuestión de animarte, es lógico que estés nerviosa/o, confío en ti, tu puedes”. son algunas frases que les (y me) repito como mantra. No tenía el consejo de Alejandro De Barbieri, pero sí la imagen de firmeza que me transmitieron mis padres:no hay chance porque hay cosas que no se negocian. Y como llevar a los niños a la escuela es obligatorio, más vale armarse de coraje y —aunque una sienta que se muere por dentro— saber poner cara de pocker para repetirles: “Vas a estar bien”.

Por Silviana Nicola 

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Fuente: Malltv