Manifestantes incendian autobuses y se enfrentan a la policía en Río de Janeiro

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Las manifestaciones convocadas por las centrales sindicales en Río de Janeiro en apoyo a la huelga general en todo Brasil fueron interrumpidas por incendios de autobuses y violentos enfrentamientos entre grupos de encapuchados y la Policía en el centro de esta ciudad brasileña.

 

Pese a que la mayoría de los manifestantes protestó pacíficamente en Cinelandia, una céntrica plaza que tradicionalmente sirve de palco a actos políticos, grupos pequeños de encapuchados le prendieron fuego a barricadas y al menos nueve autobuses en diferentes calles del centro de Río de Janeiro.

 

La Policía Militarizada utilizó gases lacrimógenos y gas pimienta para dispersar a los grupos más violentos, algunos de los cuales depredaron mobiliario público, ventanales de agencias bancarias y kioscos comerciales.

 

El primer enfrentamiento se registró frente a la sede de la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro, en donde estaba programada una primera concentración en apoyo al paro nacional.

 

Cuando la mayoría de los manifestantes se disponía a marchar hacia Cinelandia para sumarse a otra protesta, un grupo lanzó piedras y un cóctel molotov a los uniformados que custodiaban el edificio legislativo, que respondieron con gases lacrimógenos.

 

La respuesta policial dispersó a los manifestantes por diferentes calles de Río de Janeiro y en medio de la confusión grupos de encapuchados le prendieron fuego a los autobuses con que se toparon antes de llegar hasta Cinelandia.

 

Pese a los incidentes, dirigentes sindicales lograron reagrupar al grueso de los manifestantes para realizar la movilización pacífica que habían previsto.

 

En Sao Paulo, algunos manifestantes quebraron ventanales y equipamiento urbano durante una movilización que pretende llegar hasta la residencia particular del presidente brasileño, Michel Temer.

 

Durante la jornada, al menos 16 personas fueron detenidas por participar en incidentes en Sao Paulo y destrozar mobiliario urbano.

 

En otras grandes capitales del país se han sucedido las manifestaciones de forma pacífica.

 

La huelga nacional, la primera en Brasil en 20 años, impactó en el transporte público y cerró las escuelas en las grandes ciudades, pero no logró paralizar al país, como pretendían las centrales sindicales, que protestan contra las reformas al régimen laboral y al sistema de jubilaciones impulsadas por el Gobierno de Temer.

 

Las centrales cifraron la adhesión a la huelga en cerca de 40 millones de trabajadores, alrededor de 45% de la fuerza laboral, mientras que, para el Gobierno, la convocatoria fue un “fracaso” con una adhesión “insignificante”.

 

“Vimos provocaciones en algunos lugares y bloqueos en otros, pero aquellas movilizaciones que se esperaban de millones no ocurrieron”, aseguró el ministro de Justicia, Osmar Serraglio.

 

La huelga fue una respuesta de los sindicatos a las reformas del Gobierno de Michel Temer, que ha aplicado un severo ajuste fiscal, y tramita cambios sustantivos en la legislación laboral y en el sistema de pensiones, en un contexto de recesión económica y de aumento del desempleo, que hoy se supo que batió un nuevo récord y alcanza a más de 14 millones de personas. 

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Fuente: Panamá América