Finalmente, la venganza sí nos provoca cierta felicidad

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Se dicen muchas cosas acerca de este tema… Nieztche solía decir que “en la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre”. Así que deberíamos poner atención al último estudio que se publicó con respecto a esto en Journal of Personality and Social Psychology. 

El estudio plantea que es difícil pensar en las consecuencias a largo plazo de una venganza cuando se siente tan bien en el momento, especialmente cuando las represalias contra las personas que te han perjudicado realmente te hacen sentir más feliz.

Para la primera parte del estudio, como Alex Fradera explicó en el BPS Research Digest, los autores hicieron que sus sujetos escribieran ensayos personales, luego les dijeron que intercambiarían con otro voluntario para proporcionar retroalimentación; algunos de los participantes en su lugar recibieron mensajes preescritos que contenían insultos.

Los investigadores entonces les dieron a todos una muñeca de vudú, diciéndoles a los participantes que fingieran que era la persona que los había insultado – y enterrarle afileres a la muñeca, resultó una manera de aumentar el humor de los participantes.

Todavía no quedaba claro el vínculo entre la venganza y la intención de los voluntarios, así que los investigadores realizaron una segunda parte. Reclutaron un grupo separado de 154 voluntarios, dando a cada uno una píldora que supuestamente afilaría sus habilidades cognitivas (en realidad sólo un placebo). Algunos sujetos también fueron llevados a creer que la píldora tenía un efecto estabilizador del estado de ánimo, efectivamente bloqueándolos en cualquier estado de ánimo que estaban sintiendo hasta que el medicamento desapareció.

Posteriormente, los participantes jugaron lo que creían ser un juego de computadora basado en equipos, con algunos juegos programados para hacerlos sentir ignorados por los otros jugadores. Cuando eso fue un hecho, los investigadores dieron a los voluntarios la oportunidad de “castigar” a sus compañeros enviando una explosión incómoda a través de sus auriculares. Los únicos sujetos rechazados que no exigieron su venganza fueron los que pensaron que habían tomado la píldora, “presumiblemente creían que no tenían perspectivas de mejorar de modo que no tendría sentido apalear “, explicó Fradera.

En otras palabras, los participantes no sólo disfrutaban de la venganza; la buscaron como una forma de hacerse sentir mejor. No es exactamente un reflejo halagador de nuestra psique colectiva, pero es una de esas cosas que, sin embargo, es bueno saber. Cuidado, porque aunque la venganza sea dulce, las consecuencias a largo plazo no son las mejores.

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Fuente: Mujer.com.pa