Esplendor en paraje árido

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Patrimonio de la humanidad desde 2010, San Luis Potosí se enclava en el Camino Real de Tierra Adentro, una ruta comercial que conectaba a la actual capital mexicana con el sur de lo que hoy es Estados Unidos.

Tras 425 años de su creación y en medio de un paraje árido, que sirve de puerta al desierto del norte mexicano, la ciudad no ha perdido un ápice de su esplendor colonial.

La Plaza de Armas es uno de los puntos indispensables en toda visita a esta urbe. En uno de los lados se ubica la catedral metropolitana, de estilo barroco y construida entre 1670 y 1730. En su interior guarda varios tesoros de arte sacro, como las esculturas de los doce apóstoles.

A unos metros, aparece imponente el Palacio de Gobierno, coronado con un reloj de 1910 que festeja el centenario de la independencia y en cuyos salones se describen importantes momentos de la historia de México.

A apenas unas calles se encuentra la Plaza de los Fundadores, otra de las joyas de San Luis Potosí porque, en sus alrededores destacan construcciones indispensables para el crecimiento de la ciudad, como el edificio central de la Universidad, que ocupa el inmueble que los jesuitas construyeron para su colegio en el siglo XVII. También la iglesia de la Compañía y capilla de Loreto, con una llamativa fachada de barroco salomónico.

En el nutrido centro histórico, que puede visitarse con tranquilidad y junto a sus museos en un fin de semana, también destacan zonas verdes como el jardín de San Francisco, con un templo en uno de sus laterales.

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Fuente: Panamá América