Dio brillo a la poesía

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Su valioso legado literario, su bonomía, calidad humana, humor y sencillez plasmaron para siempre a César Young Núñez en la mente y corazón de los amigos, colegas de las letras y familiares. Ellos resienten su partida, el jueves pasado, a los 83 años de edad.

El vacío que deja en la literatura panameña es grande, como grande fue su pasión por la poesía, que cultivó como un buen hortelano que vela porque no haya malas hierbas en su huerto.

“César Young Núñez, desde muy joven tenía una cultura literaria impresionante. De adolescente visité su casa y me impactó la colección de los premios Nobel de literatura de la famosa editorial Aguilar. Fuimos amigos desde la niñez, vivíamos cerca de Salsipuedes hoy La calle del espanto de Sir Richard Brooks”, escribió su amigo, el ecritor Ricardo Arturo Ríos Torres.

Añadió que “César hizo de la amistad un elogio al estilo de Alonso Quijano y Sancho. Vi el amor de César por su madre y hermanos. Ya de adultos lo visité y me sorprendió que su recámara era una gran biblioteca, en los closets y muebles en lugar de ropa solo había libros.”

“Su poesía está impregnada de humor y de su calidad humana, es el único bardo que hablaba con los ángeles, hoy está divirtiendo a todos los que están en el cielo. Se bebió todos los océanos con sus amigos Mario Calvit, José Franco y Ernesto Endara, amó a todas las mujeres y les fue fiel como Don Quijote con Dulcinea. César era mi hermano. Extraño las tertulias con Rosa María Britton, Juan David Morgan, Ramón Fonseca, Ernesto Endara y José Franco. Borges lo tiene de ciudadano emérito en el planeta Tlon, allí solo llegan los escritores auténticos, ajenos a las vanidades. Sé que cuando muera hará lobby con el Señor para que me dejen visitarlo, no espero tanto”, concluyó Ríos Torres, quien seguramente irá con Richard Brooks.

Rosa María Britton, que disfrutó de muchas tertulias con el veterano escritor nos dijo acerca de él:” César Young Núñez tenía un sentido del humor único. Siempre tenía un cumplido, una flor para las mujeres. Tuve la oportunidad de compartir con él por horas. Me encantaban sus artículos, su manera de mirar la vida. Lo que más me gustaba eran sus reseñas, las Cartas de Julio Viernes.

Por su parte, Carlos Fong expresó: “Me duele mucho la muerte de él. Éramos amigos bohemos prácticamente de tertulias nos reuníamos y esas cosas. Nos deja aprendizajes. De él aprendí que la poesía es una forma de humanizarnos más y la nobleza que él tenía en torno a lo que hacía. La nobleza de la literatura. Aprendí a ser humilde. Él era muy desprendido, incluso con sus libros, tengo muchos que eran de él. Tenía una biblioteca que era como la de Alejandría pequeñita.”

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Fuente: Panamá América