Bancos de Tiempo, instituciones para adquirir cosas y servicios gratis

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Cuando su auto se descompuso, Halima Cassells no tenía $400 dólares para repararlo. Pero había acumulado horas en el banco de tiempo de su vecindario en Detroit cuidando niños y esas horas de trabajo sirvieron para reparar su vehículo.

Cuando estaba embarazada en 2012, no tenía dinero para comprar ropa de bebé, un cochecito o un asiento de bebé para auto. Pero pudo hacer una barbacoa informal y sus amigos le trajeron las cosas para bebés que no usaban.

“Cuando la gente se junta para compartir, no es algo transaccional”, dice Cassells. “Todos asumen una cierta responsabilidad con todos. Es un modo distinto de saber que tus necesidades son satisfechas”.

Los habitantes de Detroit como Cassells, tras años de privaciones, se han volcado a lo que los especialistas denominan una economía del don para sobrevivir.

En el caso de esta gente, se trata de una economía alternativa basada en el sistema de bancos de tiempo, compartir habilidades, hacer obsequios –verduras producidas en sus casas, la reparación de un techo, llaves de repuesto para un auto compartido-, en la cual los vecinos dan lo que pueden y toman lo que necesitan.

Es una práctica comunitaria que ha ayudado a los pobres de Detroit a sobrevivir sin dinero disponible. 

Y quienes confían en este sistema dicen que ha colaborado al fortalecimiento de comunidades en toda la ciudad más pobre de Estados Unidos, donde casi el 40% de las personas vive en la pobreza y alrededor de un 11%, según las cifras oficiales, no tiene trabajo.

“Se ha hecho un gran avance, pero reconocemos que nos falta mucho”, dice el portavoz de la ciudad John Roach.

El renacimiento muy promocionado de la ciudad está reactivando apenas 18 de sus 360 kilómetros cuadrados. En el resto, toda esa gran cantidad de personas sienten que tienen redes comunitarias que ellas mismas crearon.

“Estos sistemas y redes se afianzan porque históricamente Detroit ha sido abandonada”, dice Peter Hammer, responsable de Damon J. Keith Center for Civil Rights de la Escuela de Leyes de la Universidad del Estado de Wayne.

“La negligencia y el abandono se han convertido en una fuente de poder y oportunidad”.Lo que Cassells inició con su barbacoa cuatro años atrás, creció hasta llegar a ser un mercado ambulante, extendido, conocido como el Libre Mercado de Detroit.

Cientos acuden a él para hacer intercambios. Cassells lo compara con las fiestas comunales en las que los nativos norteamericanos precoloniales en lo que hoy es Detroit daban a su vecinos cosas como alimentos y mantas.

Es difícil estimar cuántos habitantes de Detroit viven de este modo –después de todo, comercian en sus hogares, muchas veces de manera informal. Es invisible y surge de “la necesidad y la motivación para vivir”, dice Jenny Lendrum, estudiante del doctorado de economías informales de Detroit en la Universidad de Wayne.

“Ves a la gente que te rodea –¿a quién conoces, cómo son tus redes sociales?- y buscas oportunidades”, dice. “Así que cocinan, venden comida, arman cigarrillos, lo que puedan hacer. Los esfuerzos de revitalización no llegan a los vecindarios. ¿Cuáles son las alternativas?”Todos tenemos necesidades y algo para ofrecer”, dice Alice Bagley, que trabaja a tiempo parcial en un banco de tiempo en el sudeste de Detroit.

Un miembro puede depositar, por ejemplo, una hora de cuidado infantil, luego gastar la hora que ganó en lo que necesite de otro miembro –un mecánico de autos, en el caso de Cassells.

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Fuente: La Prensa