Asalto navideño

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Creo que he visto suficientes carreras de caballos como para saber interpretar el accionar de los ejemplares y sus jinetes, durante el recorrido de una competencia. Sé que hay gente que ha visto mucho más que yo; aun así, me atrevo a decir que lo que aprecié en la tercera del día de Navidad y el posterior fallo del Cuerpo de Comisarios es de lo peor que he presenciado.

Vi la carrera con la tranquilidad que me permite el no estar en el hipódromo y sin haber puesto ni un real en juego, por lo que me era indiferente el resultado. Pero no pude dejar de espantarme cuando se presentó un reclamo sobre la hora y que, dadas las evidencias, se acogiera el mismo.

A simple vista y a la distancia se aprecia cómo el jinete Félix Salgado, de Mr. Mayer, traza una mortal diagonal para aproximarse a su colega Tomás Mejía, quien llevaba a Don Samy, y lo tropieza. Es claro, además, que por instinto, el caballo Don Samy tiende a defenderse (fíjense que digo el caballo, y no el jinete) ante la amenaza de sentir que un caballo -50 libras más pesado- le viene para encima.

Lo que describo lo vio todo el mundo, menos el Cuerpo de Comisarios que, al parecer, se confabularon para perpetrar este atraco de Navidad.

Después nos madrugan con un informe anodino que apenas dice que “a través de la Patrulla Fílmica (Torre 1 y 3) se observó que en los últimos 50 metros, el ejemplar Don Samy (Tomás Mejía) chopetea al ejemplar Mr. Meyer (Félix Salgado) por lo que se acoge el reclamo”.

Curiosamente, no me he encontrado en los últimos tres días con nadie que hable a favor de esa decisión. En otras palabras, en este caso, la estupidez es solo de tres. El resto de la humanidad vio todo con objetividad y no comulga con la bribonada de las máximas autoridades durante los días de carreras.

Me tocó escuchar a personas que jugaron a Mr. Meyer decir que no esperaban un fallo en esa dirección, porque se vio claramente que el jinete de Mr. Meyer es quien provoca la situación.

En otras oportunidades hemos criticado esas maniobras temerarias de los jinetes y nos sostenemos en eso, pero hay que señalar que si los jinetes apelan a estas artimañas con la excusa de que intentan ganar, lo menos que pueden hacer los comisarios es actuar con rigor y sancionarlos para que monten derecho, en vez de premiarlos como sucedió en el caso que nos ocupa.

Los calificativos que se han dejado escuchar en contra de los comisarios son de horror, tanto es así que ni siquiera vamos a repetirlos en este espacio. Sin embargo, hay una sensación casi unánime y es aquella que condujo a la gente a la conclusión de que la única explicación lógica es que estos tipos estaban jugando al caballo que perdió, y por eso lo subieron.

Esto último no pasa de ser una especulación, pero nos hace bastante sentido porque ciegos no están, neófitos no son e ignorantes tampoco. Así, pues, no queda una idea que no sea aquella que nos lleve a pensar que algo hediondo sucedió en este episodio. Y hoy, tres días después, este caso todavía hiede. ¡Sean serio!

Pendientes

Nos quedan varios temas pendientes de abordar. Uno de ellos tiene que ver con la escogencia de los Valores Hípicos y una propuesta que anda circulando por ahí.

También está en agenda ofrecerles los detalles sobre por qué decidimos que era hora de salir del Comité del Salón de la Fama de la Hípica Panameña.

Y de último, aunque no por ello menos importante, está el trato que se le está dando a la ya escuálida concurrencia que asiste al área del estacionamiento del hipódromo, donde prácticamente ahuyentan a la fanaticada, apenas terminan las carreras locales, muchas veces, sin importar que todavía se están presentando carreras internacionales avaladas por la propia empresa que maltrata a la gente.

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Fuente: Panamá América