‘Águilas’ con plomo en las alas

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Recurrir a la doctrina militar y crear una Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) es el nuevo experimento del varelismo para frenar la delincuencia. Pero el exministro de Gobierno, Renato Pereira exclamó que “Las Águilas” tienen “plomo en las alas”, porque desde su estreno, no reporta hazaña relevante alguna.

El mandatario Juan Carlos Varela –dice que no trabaja para las encuestas- pero todas indican que la inseguridad es el mayor problema de Panamá. Ante eso, el presidente se olvida de su amnistía a los maleantes y se inventa la FTC, una propuesta “Made in USA”, que ha sido exportada por los gringos a las Fuerzas Armadas del continente.

El Gobierno dejó a un lado la mano blandengue y el coqueteo con las bandas a través de Barrios Seguros para desplegar la Fuerza de Tarea Conjunta Águila (FTC-Águila), un grupo de élite para reforzar la seguridad y combatir la delincuencia común y organizada en el área metropolitana y la ciudad Colón.

“Reconozco que el inicio de 2017 ha sido difícil para los estamentos de seguridad, pero les prometo que no vamos a bajar la guardia”, exclamó Varela, pero contradiciendo su propia preocupación y el motivo de la creación del grupo élite, el mandatario pintó un mundo de Narnia en sus 32 meses de gobierno: homicidios han disminuido 31.7 %, los feminicidios 60 %, robos con violencia 32.8 % y hurtos 51.5 %., han incautado 126 toneladas de drogas y desmantelado 46 pandillas.

Su nuevo juguete es un comando unificado temporal bautizado la fuerza élite “Águila” que está integrada por 300 efectivos de la Policía, SPI, Senan, Migración y Senafront. El jefe es el director de Proyecciones Estratégicas de Senafront, Oriel Ortega, pero el puesto de mando estará en el SPI.

Pero mientras Varela recurre a militarizar toda la gestión de seguridad, las cifras de su propio periodo reflejan que el civil Rodolfo Aguilera tuvo mejores resultados que el castrense Alexis Bethancourt.

En los 5 meses del año 2016 en los que Aguilera fue ministro, el número de asesinatos se redujo en 46, mientras que durante los primeros 5 meses de la gestión de Bethancourt de ese mismo año, la disminución fue de 31. Las cifras de este año no se pueden apreciar, porque el sistema de estadísticas no está disponible.

Ya hay hasta quienes sostienen que ese tipo de Fuerza viola hasta la propia ley, que establece claramente la separación de los diferentes servicios de la Fuerza Pública y además advierten que el personal del SPI no tiene esas funciones. Panamá proscribió el ejército, pero a Varela –a diferencia del caudillo Arnulfo Arias- le fascina lo castrense. Desde la invasión, ha sido el mandatario que más ha poblado de militares a entidades y ministerios.

La intención de garantizar seguridad es plausible. Nadie quiere que le hagan el chino, lo violen o un maleante lo mate o le meta una patada en el trasero para robarle, pero la población más que inventos, exige resultados.

Una encuesta del Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Comercio, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el PNUD, reveló que el 70% de los consultados dijo que Panamá es inseguro. Otro dato es que en el 2016, el 17% de la población encuestada fue víctima de alguna situación que atentó contra su seguridad.

Con un crecimiento anual de 37% en la producción de cocaína en Colombia hasta alcanzar las 710 toneladas métricas, el varelismo está preocupado que el asunto se le ponga peor, sobre todo cuando Panamá se prepara para la Jornada Mundial de la Juventud, el evento cumbre del presidente cooperador del Opus Dei.

En esencia a una FTC se le exigen resultados y no reveses. Los primeros ensayos de esa doctrina conjunta norteamericana se remontan a la Segunda Guerra Mundial, cuando se montaron operaciones aliadas entre Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña.

Ya para 1986, los gringos ajustaron lo que denominan Planes de Comando Unificado con el acta Goldwater-Nichols que buscaba disminuir el individualismo y la rivalidad que prevalecía dentro las diferentes fuerzas. A nivel de la región centroamericana, el modelo a seguir es la Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo que opera el Comando Sur, en la Base Aérea Soto Cano, en Honduras.

La Fuerza de Tarea Conjunta Águila  ha recibido más promoción o taquilla que otra cosa. Lo que debía ser un grupo élite, parece que se destina más que todo a una división de captura del antiguo DENI.

El Ministerio de Seguridad magnificaba su accionar afirmando que en 5 días habían realizado 10,691 operaciones, eso da un promedio de 4 operaciones cada hora del día. ¿Esos hombres no duermen? ¿A qué denominan operaciones?

Sin embargo, todavía nadie explica cómo teniendo Panamá mecanismos como el Sistema de identificación biométrica automatizada del Departamento de Defensa de los EE. UU. (ABIS) y el del BIMA (Agencia de administración de identidad biométrica), que confirma la identidad de inmigrantes al captar huellas dactilares, las retinas, el iris y patrones faciales, no pudieron detectar un terrorista somalí que entró por Darién y salió por Paso Canoas.

En tanto, para un viejo operativo de inteligencia como el mayor Felipe Camargo, unas 300 unidades no tienen la capacidad operacional para neutralizar la amenaza criminal que mantienen al país bajo su control y menos sin uso de fuerza letal, que de usarla pone en riesgo a los policías ante la ley.

Después de la invasión de 1989 una de las medidas de la nueva democracia fue crear varias fuerzas que no  tuvieran un solo mando como las Fuerzas de Defensa y el concepto de la FTC Águila, es contrario a eso, sostuvo Camargo.

Para otros analistas, detrás de todo puede estar el temor histórico de los panameñistas a un golpe y se inventan una fuerza élite bajo el mando Presidencial, para enfrentar amenazas políticas, alzamientos populares o insubordinaciones.

La diputada Zulay Rodríguez sostuvo que lo de la FTC Águila, no es más que la reacción de un “asustado” presidente ante la perspectiva de que la Asamblea Nacional le inicie un juicio político por las acusaciones de que recibió coimas de Odebrecht.

Un veterano como el excomandante de la Guardia Nacional, Rubén Darío Paredes, advirtió que la fuerza Águila, puede prestarse para violaciones a los derechos humanos.

“En donde yo veo el equívoco de esta operación Águila y otras más de los gobiernos anteriores, es que se van directamente a la represión”, dijo Paredes.

“Estoy alertando y visualizando que vendrán momentos desagradables, en donde se violarán, sin quererlo, los derechos humanos de algunos ciudadanos”.

Según Paredes, la intención del Gobierno es “saludable”, pero la implementación de la operación Águila tiene “muchos vicios” derivados de la falta de un planeamiento adecuado.

“Se va a reprimir al delincuente. Eso no está mal. Lo que está mal es ese aparato tan grande que han armado para ello con armas automáticas que disparan 10 y 12 tiros por segundo, y las pones en manos de jóvenes policías de 24 años con poca experiencia”, dijo Paredes.

A pesar de todas las preocupaciones, hay que dar un margen de espera, pero también mantener bajo observación la potencia y sigilo de las 300 “Águilas”, para que no se conviertan en cuervos que le saquen los ojos a los panameños.

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Fuente: La Critica