Plaza Amador hace pasar a la LPF su mayor vergüenza



Plaza Amador, para deshonra del fútbol nacional, protagonizó la noche del jueves el episodio más decepcionante y vergonzoso para un club nacional en la era de la Liga Panameña de Fútbol (LPF).

El 1-7 que se tragó frente al Olimpia de Honduras en la Liga Concacaf, un torneo de segunda categoría dentro del área, en el que solo ven acción clubes de Centroamérica y el Caribe, es la mayor goleada que se ha registrado en la recién creada competición.

Ningún equipo de la liga local había caído tan bajo desde el 2009 en torneos de la Concacaf. Tan bajo que hasta su técnico, el colombiano Jair Palacios, se atrevió a insinuar sus sospechas sobre el accionar de algunos de sus futbolistas, dejando el ambiente impregnado de la posibilidad de un amaño. “Estoy por pensar que aquí pasó algo diferente”, dijo, visiblemente ofuscado.

Este golpe recibido por los placinos, líderes del actual Apertura, impacta también la imagen de la LPF. La desvaloriza y desprestigia. Y nos ha trasladado a épocas que se creían superadas. Esos años (por ejemplo) de finales de la década de los 80 y principios de los 90 en los que el club fundado por Léon “Cocoliso” Tejada venía cargado de goles.

En el pasado reciente, conjuntos panameños como San Francisco, Árabe Unido y Chorrillo habían recibidos goleadas, pero en la principal competición del área, la Liga de Campeones de la Concacaf, y todas las palizas se sufrieron frente a equipos de mucho poder económico, como los mexicanos Pumas de la Unam, Cruz Azul y Monterrey.

“Empiezo a pensar que pasaron otras cosas, ciertas porquerías”, sostuvo el técnico placino. “Nadie va echar abajo mi trabajo, varios (jugadores) verán las consecuencias”, reiteró.

No es la primera vez que Plaza Amador es humillado por el Olimpia. El 12 de agosto de 2001, sucumbió 6-0 ante el mismo rival en el marco de la Copa Interclubes de Uncaf, en Tegucigalpa.

En el torneo citado anteriormente, Plaza también recibió palizas por 6-1 y 7-0 por parte del Alajuelense de Costa Rica y Municipal de Guatemala, respectivamente. La costumbre no se ha perdido.



Fuente: La Critica